El rubio es uno de los peces más curiosos de los fondos de arena de nuestro litoral. Su nombre proviene del griego antiguo “chelidon” que significa golondrina, e “ichtys”, pez. Y es que, aunque normalmente permanece apoyado sobre el fondo, cuando despliega sus grandes aletas pectorales muestra un espectacular abanico de tonos azulados y oscuros, con el que parece “planear”, como una golondrina, sobre el fondo marino.
Bajo esas aletas esconde una adaptación muy peculiar: tres radios libres que utiliza como si fueran “dedos” para caminar sobre la arena y detectar pequeñas presas ocultas bajo el sedimento. Gracias a ellos puede localizar crustáceos, moluscos y pequeños peces incluso cuando permanecen enterrados.