Este nudibranquio, que normalmente mide entre 2 y 3 centímetros, destaca por la coloración de sus ceratas, esas prolongaciones en forma de “dedos” que recubren gran parte de su cuerpo y le aportan sus característicos tonos amarillos y azulados. Estas curiosas estructuras cumplen varias funciones esenciales. Por un lado, aumentan la superficie corporal y mejoran el intercambio gaseoso, haciendo más eficiente la respiración.
Pero además, este pequeño nudibranquio es capaz de almacenar, en las puntas de sus ceratas, las células urticantes de las anémonas de las que se alimenta, reutilizándolas para protegerse de posibles depredadores. Los nudibranquios son especialistas en transformar las defensas de sus presas en herramientas para su propia supervivencia, y Berghia coerulescens es un magnífico ejemplo de ello.