Este nudibranquio destaca por sus llamativas ceratas, unas prolongaciones de su cuerpo que le dan un aspecto delicado, casi alienígena. Muchas especies similares utilizan estas estructuras para almacenar sustancias urticantes obtenidas de sus presas, pero Antiopella, que no adquiere estas sustancias en su dieta, imita su apariencia como mecanismo de defensa.
Las puntas de sus ceratas muestran un intenso azul brillante, y son completamente contráctiles: pueden alargarse o encogerse según la situación. Cuando se siente amenazado, este pequeño animal despliega una estrategia sorprendente: puede desprenderse de algunas de sus ceratas, que continúan moviéndose de forma independiente durante unos instantes, distrayendo así a posibles depredadores mientras escapa.